Entre ¡No claudiques! e Invictus
Hay momentos en que perseverar es necesario y otros en que conviene revisar el camino. Inspirado en ¡No claudiques!, Invictus y Un mensaje a García, este artículo reflexiona sobre la diferencia entre darse una tregua y renunciar, para evitar que el agotamiento decida por nosotros.
Mi columna original se llama No Claudiques! y la escribí en 2018. El escrito de hoy es una actualización de aquellas reflexiones.
Hay libros que uno lee, aprecia y luego deja atrás. Otros permanecen cerca, no porque volvamos constantemente a cada una de sus páginas, sino porque se convierten en una referencia a la cual regresar cuando las circunstancias lo requieren.
Uno de esos libros es Un mensaje a García. Se trata de una columna —casi podríamos decir que de un pequeño panfleto— en la cual el autor aborda algunos aspectos que nuestras rutinas cotidianas suelen relegar: la iniciativa, la disciplina, la perseverancia y la responsabilidad frente a la propia vida.
Su autor, Elbert Hubbard, fue un escritor, editor, artista y filósofo estadounidense que vivió entre 1856 y 1915. Un mensaje a García, su ensayo más conocido, fue escrito la noche del 22 de febrero de 1899 y estaba destinado a la edición de marzo de The Philistine. Según relató el propio Hubbard, lo escribió en una sola hora, después de cenar. Su forma es sencilla, pero el mensaje conserva una claridad que explica su extraordinaria difusión durante más de un siglo.
No voy a contar aquí de qué trata el ensayo. Si alguien quiere leerlo, no necesita siquiera comprar el libro: existen numerosas versiones disponibles en internet y basta una búsqueda sencilla para encontrarlo. Tampoco pretendo hacer una revisión de sus conceptos ni una crítica de los argumentos que Hubbard reunió en esas páginas.
Quiero detenerme, más bien, en unas líneas incluidas en la edición que llegó a mis manos, publicada por Ediciones Feria Chilena del Libro. Es necesario mencionar la editorial porque esa versión incorpora algunos apéndices que no aparecen en otras ediciones: ensayos de Héctor Velis-Meza, citas de distintas figuras históricas y unos versos que el libro atribuye a Rudyard Kipling.
Dicen así:
NO CLAUDIQUES
Si en la lucha diaria
el destino te derriba,
si todo en tu camino de vida
se complica,
si tu sonrisa expresa insatisfacción,
si existe esfuerzo excesivo
y cosecha exigua,
si tu caudal se enfrenta
a diques resistentes,
date una tregua,
¡pero no claudiques!
Un mensaje a García constituye para mí un recordatorio permanente. Estos versos, en cambio, son un recordatorio al que conviene regresar de vez en cuando. La diferencia es importante.
La iniciativa y la responsabilidad deberían acompañarnos siempre. La exhortación a no claudicar, en cambio, no puede convertirse en una orden ciega. Hay momentos en que perseverar es necesario, pero también existen objetivos que deben revisarse, caminos que conviene abandonar y esfuerzos cuyo costo ya no se justifica. La tregua que propone el poema no es una concesión a la debilidad: es el espacio necesario para distinguir entre el cansancio transitorio y la pérdida de sentido.
Esta idea me recuerda una escena de la película Invictus. En ella, Nelson Mandela conversa con François Pienaar, capitán de la selección sudafricana de rugby, sobre aquello que puede inspirar a una persona cuando las circunstancias parecen superar sus fuerzas. La película presenta entonces los versos de William Ernest Henley que acompañaron a Mandela durante su encarcelamiento:
Soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.
Los versos de Invictus y la invitación a no claudicar se encuentran en un mismo punto, aunque no dicen exactamente lo mismo. Henley habla del gobierno interior: quizá no podamos decidir qué circunstancias enfrentaremos, pero sí la posición desde la cual responderemos a ellas. No claudiques habla de continuidad: cuando el cansancio y la frustración nublan el propósito, es legítimo detenerse sin convertir esa pausa en una renuncia.
También Un mensaje a García apunta hacia esa autonomía. Su protagonista no espera que alguien resuelva cada dificultad ni transforma los obstáculos en una excusa. Recibe una responsabilidad y encuentra la forma de cumplirla.
Por eso conservo el libro como un recordatorio permanente, mientras regreso a estos versos cuando hace falta. No para insistir indefinidamente en cualquier empeño, sino para recordar que una dificultad no constituye por sí sola una razón suficiente para abandonar.
A veces será necesario cambiar de ruta. Otras veces habrá que descansar, revisar lo realizado y pedir ayuda. Pero, antes de renunciar a aquello que todavía importa, conviene hacer una pausa y preguntarse si realmente se ha perdido el propósito o si, simplemente, estamos cansados.
Date una tregua…pero ¡No Claudiques!